viernes, 18 de julio de 2014

Entrevista a compositores de Colectivo Coloquial





Es un día lluvioso en la Ciudad de México. Atravesar las enormes puertas de la biblioteca Vasconcelos te conecta en una atmosfera totalmente distinta, un lugar donde el bullicio de la ciudad se detiene. Se escuchan los murmullos de las personas, los “bips” de los elevadores y un acompasado “clack-clack” de los tacones de una mujer que corre al auditorio pues el concierto ya va a empezar.

El pasado viernes 4 de Julio el Colectivo Coloquial conformado por Aldo Lombera, Arturo Morfín, Daniel González, Jimena Maldonado y Juan Andrés Vergara; apoyado por el Instituto Nacional de Bellas Artes, la Comisión Nacional de Música y Ópera, el Centro de Investigación y estudios de la música (CIEM) y la Biblioteca Vasconcelos, presentó el concierto Elegías Cervantinas.

En dicho concierto se presentaron cinco piezas para soprano (Victoria Amaro), flauta (Cuca Citlali Vélez), viola (Gerardo Aponte) y arpa (Ariadna Bucio), de cinco jóvenes compositores. Todos tomaron como punto de partida, para la composición de su obra, la Canción de Lisandro: un fragmento del primer libro de La Galatea de Miguel de Cervantes Saavedra, en la cual Lisandro se lamenta por la muerte de su amada Leonida.

¡Oh alma venturosa,
que del humano velo
libre al alta región viva volaste,
dejando en tenebrosa
cárcel de desconsuelo
mi vida, aunque contigo la llevaste!

Sin ti, escura dejaste
la luz clara del día;
por tierra derribada,
la esperanza fundada
en el más firme asiento de alegría;
en fin, con tu partida
quedó vivo el dolor, muerta la vida

Los jóvenes intérpretes presentaron las obras demostrando gran talento, permitiendo apreciar tanto las similitudes en el lenguaje de los compositores, así como (y más importante) sus diferencias y las características propias de un estilo definido. Las piezas que se presentaron son: Égloga Cervantina (2012) de Aldo Lombera; Lisandro el Loco (2012) de Arturo Mórfin; Entre sílabas y acentos (2012) de Daniel González; Endecha (2012) de Jimena Maldonado; estas cuatro fueron estreno mundial; finalmente, Duelo (2012) de Juan Andrés Vergara. Ésta obra fue acreedora a una mención honorífica en el III concurso de composición Eulalio Ferrer 2012, estrenada dentro del marco del 40 Festival Internacional Cervantino.

Después del concierto y en exclusiva para RuideroXXI se les hizo una entrevista a los compositores sobre su obra, su estilo y el proyecto de Colectivo Coloquial. A continuación fragmentos de la entrevista:

RuideroXXI: ¿Cuál es el carácter general de tu obra? Y ¿En cuántas partes podrías dividir tu pieza y cuál es el carácter de cada parte?

Aldo Lombera-Égloga Cervantina: Considero que no hay un solo carácter que englobe mi pieza, más bien una sucesión de emociones por las cuales va transitando. Esto se debe a que mi pieza “narra” a manera de guión el fragmento en el cual se da lugar la historia de Lisandro y su canción. Todo éste fragmento realmente es contado desde los ojos de Elicio, un pastor que presencia la venganza y el lamento de Lisandro. 

La pieza está estructurada en dos secciones grandes de duraciones similares. Esta división refleja la división del fragmento usado de la “Canción de Lisandro”, estructurada en dos estrofas. Cada una de estas secciones tiene micro-secciones en base a los eventos que se desarrollan dentro de la historia.

La primera sección comienza con una atmósfera tranquila que poco a poco se va agitando, reflejado musicalmente en la aceleración del tempo, el enturbiamiento gradual de carácter y el aumento de la dinámica hasta llegar al clímax. Esto corresponde en la historia a como dos pastores que se encuentran a la orilla del río, después de conversar por unos momentos acerca de amores, ven la venganza de Lisandro al asesinar al responsable de la muerte de su amada.

La segunda sección relata el lamento de Lisandro por no haber encontrado paz al tomar venganza, al contrario, sentirse devastado por sus acciones. Esto ocurre en un bosque espeso y es ahí donde Lisandro canta su canción. Elicio a lo lejos escucha su historia y comprende el porqué de sus acciones. En esta sección destacan las texturas en el ensamble y más tarde la agilidad vocal para remarcar el canto desolado, en contrapunto con los demás instrumentos.

La pieza finaliza con el texto recitado por los intérpretes, escuchándose completo por primera vez y formando una masa de voces, así como los sentimientos confusos que acechan en la cabeza.

Arturo Morfín-Lisandro el Loco: Mi pieza parte de una fantasía. Me imaginé que Lisandro, el protagonista, iba a visitar a una gitana antes de que ninguno de los eventos ocurriera. En dicha visita, la gitana hizo 3 lecturas de tarot que predijeron la historia. Para esto estudié algunos libros sobre la lectura de dichas cartas y después forcé tiradas artificiales para que se relacionaran con el texto de Cervantes. Después formalicé las cartas, obteniendo así colecciones de notas relacionadas con cada evento. Estas colecciones definieron la evolución armónica de toda la obra.

Tiene 7 secciones, con estructura A B A' C A'' D A'''. Las letras A están ubicadas temporalmente en el presente, cuando Lisandro canta su elegía triste en un claro en el bosque bajo la luna. Las otras secciones pertenecen al pasado, son recuerdos de los eventos ocurridos en la historia. La letra B describe a la bella Leonida con un carácter de ensueño y deseo. Tomé textos de la carta en la que Lisandro le confiesa su amor. La letra C describe a Carino, el amigo traidor autor de las atrocidades del relato. Tiene un carácter simultáneamente dulce en el arpa y agrio en la voz y la viola La letra D es el recuerdo de la tragedia, como ocurrió el asesinato de Leonida y las últimas palabras que ella enunció antes de perder la vida en los brazos de su amado. Su carácter es aterrador y dinámico.

Daniel González-Entre sílabas y acentos: Entre sílabas y acentos es una pieza que mantiene en general un carácter misterioso y un poco sombrío. El poema que refleja el dolor de Lisandro ante la pérdida de su amada ayuda a la música a reflejar el sufrimiento del protagonista.

La estructura de esta pieza fue planteada a partir de la estructura del poema, que consta de 5 párrafos. Los 2 primeros son similares entre sí, al igual que los 2 últimos. La pieza consta de 5 secciones, la primera y la última comparten un carácter rítmico y misterioso, la segunda y la cuarta son más atmosféricas, y en ellas se explora el recurso del batimento entre los instrumentos por medio de un glissando. La tercera sección retoma el carácter rítmico e incluye una figura rítmica que se repite a lo largo de toda la sección.

Jimena Maldonado-Endecha: El título de mi pieza, Endecha, proviene del latín “indicta” y quiere decir anunciar. También se le llama endecha a una canción triste o de lamento. Así que desde el título esta obra tiene un carácter luctuoso y lleno de tristeza. Narra una tragedia, por lo que tiene un carácter sentimental y de lamento.

Se podría decir que esta obra tiene 3 secciones, más una introducción y una coda. La introducción y la coda tienen un mismo carácter muy melódico y expresivo, y simbolizan los sentimientos que quedan después de la tragedia. Las otras tres tienen un orden más o menos programático en el que se va contando esta historia, que es sólo una de las muchas que componen La Galatea.

En la primera sección tenemos a dos personajes (Lisandro y Leonida) que no se conocen y que viven vidas muy diferentes. En la segunda se cuenta el encuentro entre estos dos personajes y cómo va transcurriendo su historia de amor. Finalmente, en la tercera, llegamos al clímax. Es aquí en donde todo se complica hasta llegar a la desafortunada muerte de Leonida.

Juan Andrés Vergara-Duelo: Descriptivo, va cambiando en función del texto cantado intentando evocar su significado con los instrumentos.
A grandes rasgos en dos partes. La primera es un lamento que contiene el texto literal y la segunda es una recapitulación desesperada del material presentado anteriormente.

Ruidero: ¿Que recursos usaste para cada instrumento y qué papel jugo cada uno dentro de tu obra?

Aldo Lombera: La función de los instrumentos es la de ir variando el carácter y las atmósferas, en este sentido considere cuales eran los más aptos para cada sección y para ir transformando gradualmente las emociones a lo largo de la pieza. Utilice distintas técnicas extendidas para obtener diversas sonoridades, timbres y texturas del ensamble. Otro aspecto que me intereso fue la separación del ensamble en distintas combinaciones para los distintos pasajes: duetos, tríos y tuttis. […]

Arturo Morfín: Ningún instrumento, exceptuando a la voz, tiene un rol en particular en la obra. Tampoco hay una exploración tímbrica profunda. Todos contribuyen más que nada a establecer una armonía clara en cada sección, siempre con relación a la emoción de cada sección. En este sentido es una obra muy tradicional. La soprano de vez en cuando recita sus textos, los declama dramáticamente. Decidí hacer esto para que fuera claro que estoy contando una historia más que cantando una canción.

Daniel González: Este ensamble en particular, al contener instrumentos de distintas familias tiene muchas ventajas y desventajas, al ser los timbres tan distintos hay una variedad muy amplia de donde escoger, pero también se vuelve difícil lograr que se amalgamen el uno al otro por lo mismo. En esta pieza el arpa tiene la base rítmica y armónica, la flauta y la viola se acompañan, a veces a dueto acompañando a la voz o en varias ocasiones en contrapunto entre ellos. La soprano tiene el texto sobre los demás, pero sin llegar a ser solista.

Jimena Maldonado: La idea de esta pieza era que cada uno de los instrumentos ayudaran a que se fuera sintiendo el carácter de cada sección en relación a la historia. A pesar de que intenté usar los instrumentos de una manera muy vinculada, me parece que la voz es la que tiene más peso con respecto a la historia. Además de llevar el texto, intenté usar la voz como una forma de hacer notar los sentimientos lúgubres de la pieza así como cada uno de los sentimientos clave de cada sección.

Juan Andrés Vergara: Utilicé la voz como una especie de narrador cantando el texto y a los otros instrumentos no los traté como líneas por separado, sino como un solo grupo para evocar lo que el narrador va diciendo con texturas homogéneas. Por ejemplo, cuando el texto dice volaste, los instrumentos ascienden en su registro hasta que se pierden.

Ruidero: Finalmente -¿Que podrías decir del concierto en particular y del proyecto en general?

Jimena Maldonado: Me parece que este concierto es interesante empezando porque no consta de una instrumentación usual.  También me gusta la idea de que todas las piezas estén basadas en un mismo texto, pues es más fácil crear una misma atmósfera además de darle al espectador algo de qué agarrarse. La música contemporánea no siempre es fácil, por lo que creo que es una buena idea tener como apoyo un texto y una historia.

Aldo Lombera: Me parece que el concierto “Elegías Cervantinas” fue un muy buen comienzo para el Colectivo Coloquial, del cual soy parte. Al ser una primera producción siempre hay detalles que pueden quedar en el aire y sentirse una mala organización de los eventos o que algo falto, en este sentido creo que logramos un concierto de talla profesional con el apoyo del INBA y del CIEM, en un lugar tan bello como lo es el auditorio de la Biblioteca Vasconcelos. Con todo minuciosamente organizado, desde la difusión con carteles, volantes, programas de mano, entrevistas y artículos, hasta el protocolo durante el concierto para salir satisfechos con nuestro trabajo.

Considero que las obras aún pueden madurar y “marinarse” como diría una amiga, en el ensamble e incluso desde la composición misma. Estamos buscando otras opciones para volver a presentarlas en concierto y trabajar detalles tanto con los músicos como en la partitura.

El trabajo hecho por el ensamble merece una mención, ya que realmente vimos su dedicación y una excelente disposición a lo largo de este proyecto, así que muchas gracias a Victoria Amaro (soprano), Cuca Vélez (flauta), Gerardo Aponte (viola) y Ariadna Bucio (arpa).
Para finalizar, me da mucho gusto y orgullo contar con los cuatro amigos que están involucrados en este colectivo y quisiera agradecerles por su disposición siempre.
¡Vienen muy buenos proyectos en camino!

Gracias a Ruidero XXI por el espacio, por difundir la música y las opiniones de los compositores actuales.

Todo mundo sabe que no importa cuantas palabras busquemos, nunca encontraremos las suficientes para describir lo que nos produce una pieza musical, así que no se pierdan ninguno de nuestras invitaciones a los conciertos. Si se quedaron con ganas de escuchar a el trabajo de Colectivo Coloquial, aquí les dejamos el contacto.











¡Hasta la próxima!
¡Comenten y difundan!
Enrique Rodríguez
México, D.F.
Julio 17, 2014

miércoles, 9 de julio de 2014

ARIA DE JOHN CAGE O “NO SEAS CULÓN, INVÉNTATE LAS TUYAS (NOTACIONES MUSICALES)” En 4 Movimientos




III. Scherzo
(de la problemática de los nuevos compositores
en relación a la notación musical)

“¿Puedo ver tus partituras? Para ver cómo lo escribes tú”, preguntó inocentemente un alumno de composición de una de las escuelas del INBA al profesor a cargo del taller de Música de Cámara, dónde se exploran partituras no convencionales, al igual que formas de hacer música poco ortodoxas; “¡No seas culón, invéntate las tuyas! inventa tus propias formas de escribirlo. Si quieres ver mis partituras, ahí están, no se las escondo a nadie, pero te invito a que te las ingenies para escribir tu propia música”, fue la respuesta (también poco ortodoxa) del profesor.
Esto se puede interpretar de muchas maneras, sin embargo me di a la tarea de investigar de dónde rayos había salido esa respuesta, sobre todo porque para mi fue una especie de revelación, pues poco antes había comenzado a experimentar con escritura abierta, gráfica, que prácticamente yo me había inventado después de mucha reflexión sobre cómo escribir algo que fue resultado de una exploración técnica de mi instrumento, muy a pesar de mis maestros de composición, pragmáticos hasta el tuétano y que defienden con fervor una escritura “práctica”, de manera que cualquier persona nacida, alimentada, entrenada y desarrollada en el seno de la academia musical, de cualquier parte del mundo pueda leer tu partitura sin la mayor complicación, lo que también facilita su evaluación a simple vista, sin necesidad de sonarla, de esta forma, si es sometida a concurso, un jurado especializado puede calificarla para que no sean necesarios más que un par de ensayos para poder incluirla dentro de un programa como parte de algún festival o foro y que luego de eso muy probablemente sea olvidada por mucho tiempo. Para mi fue todo un reto comenzar a creer en una idea que parecía contraria a este modo de hacer música, sobre todo porque el “demonio modernista” constantemente me acosaba diciéndome que un compositor no puede dejar cosas abiertas, debe definir de la manera más precisa lo que quiere que se escuche, pero el problema en este caso era, que paradójicamente, el delimitar de la manera más precisa posible lo que quería que sonara a través de una escritura “tradicional”, no capturaba del todo las sutilezas del universo sonoro que había logrado crear explorando mi instrumento, además de que para lograr algunos resultados eran necesarias más que una serie de alturas y ritmos, una serie de instrucciones sobre como lograr una textura y para eso me las tenía que ingeniar para crear un sistema que fuera en cierta medida práctico, que no atentara contra el flujo musical que había creado ni contra el concepto que me estaba sirviendo de eje para construir este discurso sonoro, el cuál tenía mucha relación con los conceptos indeterministas introducidos a la música a partir de la segunda mitad del siglo XX, y considerados como “vanguardistas” en un sentido peyorativo, pues hay quienes consideran “la vanguardia” como un mero capricho de los compositores de la segunda mitad del siglo XX, como un simple experimento fallido y un callejón sin salida del que sólo pueden resultar obras estériles. En fin, cuento esta experiencia con el afán de que, a través de mi experiencia, el lector pueda entender lo que yo considero un problema para muchos compositores de mi generación, pues a veces es muy difícil establecer una diferencia entre lo que se escribe y lo que suena, es decir, no se es consciente de la abismal diferencia que existe entre la teoría y la práctica, y esto es debido en parte a la falta de contacto con la práctica musical por parte de los compositores más jóvenes, lo que implica que muchas veces las obras compuestas partan de “lo que se puede escribir” o de “lo que se puede hacer” en vez de centrarse en buscar la mejor manera de escribir lo que suena en su cabeza (si es que algo suena). A este respecto, cuándo consulté al profesor de la anécdota que abre este movimiento sobre la cuestión de “inventar” nuevas formas de notación musical, me dijo lo siguiente: “No, en realidad no estoy tan a favor de inventar tantas escrituras, pero depende mucho de lo que quieras escribir, claro. Si tu imaginación es más tradicional no veo porque inventarte cosas que ya tienen notación estandarizada. Lo que yo casi siempre quiero decir acerca de la notación, es que la notación por sí misma no es música. Y normalmente cuándo alguien tiene ya muchos años buscando es porque buscaba una música y no una notación. Muchas veces pareciera que lo que hay que encontrar es la notación en vez de la música, eso es una idiotez, evidentemente. Primero encuentra la música que quieres hacer y hazla, después averigua como notarla”.
Podemos decir entonces, que un nuevo sistema de notación es válido siempre y cuando sea resultado de la necesidad de notar una música que no se adapta a los estándares de su época, que fue lo que sucedió con mucha música de la segunda mitad del siglo XX, no es que esté justificando toda manifestación de escritura fuera de la escritura tradicional, pues el pensamiento  posmoderno también trajo con él muchos charlatanes del arte, muchos falsos profetas cuyo trabajo en verdad podemos decir que no fue más que un experimento fallido, una obra estéril. Sin embargo el cambio de paradigmas sociales, filosóficos y científicos que se dio en la época, propició nuevas formas de hacer música que no aceptaban una forma de escritura tradicional sin traicionar los conceptos de los que provenían. Conceptos como el del Relativismo de Einstein, la mecánica cuántica, el principio de incertidumbre de Heisenberg, la teoría del caos y los fractales, se ven reflejados en mucha de esta música, curioso que es como si los compositores los hubieran intuido y aplicado, pues no se sabe expresamente que hubieran estado en contacto con las teorías científicas nacidas en ese entonces, sin embargo, estos paradigmas transformaron la manera en la que se comprendía el mundo que es recíproco a la manera en la que se hace arte. Uno de los conceptos más arraigados por los compositores de la segunda mitad del siglo XX fue el del indeterminismo, que Cage aplicó de diversas formas en su música, irónicamente no fueron sus métodos los más aceptados en el gremio, sin embargo, su obra nos ha dado un objeto de estudio bastante extenso, y es una obra de este compositor la que nos atañe en el siguiente apartado.



IV. Presto
(Aria de John Cage)

El Aria de John Cage para voz de cualquier rango fue compuesta en 1958 para Cathy Berberian, por esa misma época Cage estaba experimentando con el indeterminismo en obras como el Fontana Mix y el Concierto para Piano, obras con las cuáles se puede combinar la interpretación del Aria, las partituras de estas 3 obras son muy distintas a pesar de que el procedimiento usado fue muy similar. En su búsqueda de la disolución de la voluntad del compositor (y también del intérprete en muchas ocasiones), en pro de un resultado sonoro completamente indeterminista, Cage utilizó el I ching y algunos otros procesos aleatorios para crear sus partituras, que muchas veces consistían en una serie de eventos a ejecutarse en el tiempo. En el caso del Aria, la partitura consiste en 20 hojas con representaciones gráficas de las alturas sugeridas de manera aproximada, en el plano vertical se representa la altura y en el horizontal la temporalidad, Cage sugiere que cada hoja sea interpretada en 30 segundos aproximadamente, aunque se puede realizar en más o menos tiempo, de manera que la ejecución de la partitura completa tome 10 minutos aproximadamente, aunque también existe la opción de que sea ejecutada sólo en parte. Cada línea tiene un color de 10 diferentes, que deben corresponderse con 10 maneras distintas de ejecución vocal, es decir 10 timbres distintos, en la partitura vienen indicados para ejemplificar las 10 técnicas que Cathy Berberian utilizó en su interpretación, que son: Azul marino= Jazz, rojo= Contralto (Contralto lírica), negro con líneas punteadas paralelas= hablado-cantado, negro= Dramático, púrpura= Marlene Dietrich (cantante y actriz alemana famosa a partir de los años 20), amarillo= Coloratura (coloratura lírica), verde= Folk, naranja= Oriental, azul claro= bebé, café= Nasal. Además de eso, la partitura incluye recuadros negros que pueden interpretarse como cualquier “ruido”, por ejemplo, uso no musical de la voz, percusión auxiliar o aparatos mecánicos o electrónicos, los usados por Berberian vienen indicados en la partitura y son: Tsk-tsk, pisotón, canto de pájaro, tronar los dedos, aplauso, ladrido, inhalación dolorosa, exhalación de paz, ulular con desdén, chasqueo con la lengua, exclamación de disgusto, exclamación de ira, grito, expresión de disgusto insinuando a un indio americano, risa y expresión de placer sexual. Junto con cada línea se incluyen textos con vocales, consonantes y palabras en 5 idiomas distintos:  Armenio, Ruso, Italiano, Francés e Inglés, los aspectos interpretativos (como dinámicas, etc.) que no vienen indicados en la partitura, pueden ser determinados libremente por el cantante.
Como podemos ver, el indeterminismo está presente por todos lados en esta obra, lo primero que se hace evidente en el título es que no está determinada el tipo de voz que debe de interpretarla, es decir, puede ser voz masculina o femenina de cualquier rango, tampoco se especifica el número de interpretes, y si bien fue dedicada a Cathy Berberian y casi siempre es interpretada por una sola voz femenina, también existen versiones con voz masculina e inclusive encontré una interpretación muy buena de Thearte of voices, con intervención electónica de Shabada Owens y dirigida por Paul Miller (https://www.youtube.com/watch?v=22JLbdkJSkU). El Aria quizá no sea una de las obras más indeterministas de Cage, inclusive podríamos decir que es una de las más controladas dentro de sus obras basadas en procesos indeterministas, pues se establecen relaciones entre los colores empleados a lo largo de la partitura y una técnica vocal determinada, que en este caso se deja a elección del intérprete, contario a otras obras dónde la voluntad del intérprete así como su gusto y memoria deben ser prácticamente suprimidas de tal manera que el resultado sonoro corresponda al diealizado por Cage como indeterminista. Otro aspecto que podríamos considerar determinista en cierta medida es la cuestión de las alturas, que quizá no estén descritas con exactitud mediante un pentagrama, pero que están sugeridas con líneas rugosas (casi todas), que siempre tendrán el mismo patrón, por lo que las interpretaciones pueden no variar demasiado en ese aspecto así como en el de la temporalidad, además de sucederse siempre en el mismo orden. Y quizá deberíamos preguntarnos ¿por qué Cage escogió este tipo de notación para esta partitura en específico, cuándo al mismo tiempo trabajaba con métodos mucho más indeterministas en obras distintas? Pues bien, no logré encontrar suficiente información al respecto para poder esclarecer ese asunto, sin embargo tengo una hipótesis que se puede resumir en términos de practicidad. ¿Qué quiere decir esto? Primero, hay que tomar en cuenta que esta obra está dedicada a Cathy Berberian y aparentemente el material usado para esta obra es el mismo utilizado en obras en las que el intérprete tiene que armar su propia partitura, mediante el uso del I Ching y una suerte de rejillas y transparencias, sin embargo, Cage de cierta forma hizo este procedimiento por Cathy para que ella simplemente pudiera leer el resultado, que fungiría más que como partitura, como mapa, podemos decir, como recurso mnemotécnico, de manera que las líneas curveadas que aparecen, sirvieran para evocar un gesto específico que Berberian habría establecido con una primera lectura, pero que le servirían para representaciones posteriores, lo cuál nos recuerda un poco a la notación neumática, usada por primera vez en occidente hace ya un milenio. Las características de ambas notaciones son similares, pues en ambos casos se trata de líneas que simplemente sugieren las aturas, en que caso la melodía debe de subir o bajar; ambas prescinden de un tempo, no se diga de un compás; y ambas corresponden a música vocal con un texto determinado. Quizá para algunos, esta comparación parezca un poco burda o forzada, los invito a que juzguen ustedes mismos, les dejo un par de imágenes para que puedan establecer su propia comparación, y si bien el resultado sonoro del canto gregoriano y del Aria de Cage es muy distinto, lo que tienen en común es que ambas notaciones surgieron de una necesidad, corresponden a un tipo de música que escrita de otra manera sería difícil de reproducir y los invito también a que antes de descalificar nuevos tipos de notación por ser poco ortodoxos averigüen por qué son así y si escriben música no dejen de experimentar con la notación, pero tampoco dejen completamente de lado la notación tradicional cuando es requerida, hay que ser conscientes de que la notación es un simple medio de comunicación entre el compositor y el intérprete, que es una representación gráfica de un universo sonoro que sólo vive en un estado perfecto en la mente del compositor, que es una traducción de ese universo sonoro y que como toda traducción, pierde un poco del contenido original, ninguna partitura está escrita tal cuál un compositor quiere que suene, y eso se los puedo decir con la misma seguridad que les puedo afirmar que ningún mensaje transmitido por ninguna persona será entendido al cien porciento, pues la palabra pertenece la mitad a quién la dice y la mitad a quién la escucha, y si bien la música no es palabra, es un lenguaje y como tal nunca estará completo. “La notación por sí misma no es música […] Primero encuentra la música que quieres hacer y hazla, después averigua como notarla”.

Emmanuel Uribe
Oaxaca, México
Junio del 2014

jueves, 3 de julio de 2014

Concierto: Elegías Cervantinas



El Colectivo Coloquial presenta en concierto Elegías Cervantinas
 
Con el apoyo de la Coordinación Nacional de Música y Ópera del Instituto Nacional de Bellas Artes y el Centro de Investigación y Estudios de la Música, el Colectivo Coloquial presenta en concierto cinco obras de jóvenes compositores mexicanos para soprano, flauta, viola y arpa. El evento se realizará el 4 de Julio a las 18:00 horas en el auditorio de la Biblioteca José Vasconcelos. La entrada será libre, pero el cupo es limitado, por lo que se recomienda llegar temprano al recinto.
 
El Colectivo Coloquial está integrado por Daniel González, Aldo Lombera, Jimena Maldonado, Arturo Morfín y Juan Andrés Vergara. Todos son egresados de la licenciatura en Composición del CIEM, han recibido diversos premios y menciones nacionales e internacionales y han sido seleccionados para participar en distintos talleres y foros.
 
El concierto Elegías Cervantinas tiene como punto de partida la Canción de Lisandro, un fragmento del primer libro de La Galatea de Miguel de Cervantes Saavedra. Cada compositor abordó el texto de Cervantes de una manera única, conformando un programa con obras contrastantes tanto en métodos composicionales como en sonoridades.

Égloga Cervantina, de Aldo Lombera, explora la égloga, una forma poética en la que existe un dramatismo casi teatral y en la que el texto y la música tienen igual importancia. Cada una de las secciones representa una escena, evocando la trama, el escenario y a los personajes involucrados.

Arturo Morfín imaginó una escena en la que Lisandro, el protagonista del relato, acude a una gitana para conocer lo que le espera. La obra está expresada entonces a través de tres lecturas de Tarot, donde las cartas representan los acontecimientos de la historia. Cada conjunto de cartas se formalizó para obtener la estructura armónica de la obra, titulada Lisandro el Loco.

Daniel González partió de la métrica del texto de Cervantes en su obra, Entre Sílabas y Acentos. Un análisis semántico poético le permitió convertir la canción en ritmos y notas que reflejan en idioma musical el dolor de Lisandro. 


Una Endecha es una canción triste de carácter luctuoso. La palabra viene del latín indicta, que significa anunciar. Jimena Maldonado cuenta la historia de Lisandro y Leonida, la cual parece estar condenada desde su inicio a la tragedia. Esta pieza relata el desenlace de este amor fugaz y prohibido que prontamente se encuentra con la muerte, de cierto modo anunciada, de la desafortunada Leonida.

Duelo, de Juan Andrés Vergara, busca evocar la emoción que quedó en Lisandro una vez que tomó venganza por la muerte de su amada. Las palabras del texto “quedó vivo el dolor, muerta la vida” toman particular importancia en esta obra. Ésta obra fue acreedora a una mención honorífica en el III concurso de composición Eulalio Ferrer 2012, estrenada dentro del marco del 40 Festival Internacional Cervantino.

La ejecución del programa estará a cargo de un ensamble reunido especialmente para este concierto. Las partes de soprano, flauta, viola y arpa serán interpretadas respectivamente por Victoria Amaro, Cuca Citlali Vélez, Gerardo Aponte y Ariadna Bucio. Cabe mencionar que uno de los objetivos del Colectivo Coloquial con el concierto Elegías Cervantinas, es fomentar la creación y difusión de obras para esta dotación tan inusual.

Colectivo Coloquial

lunes, 30 de junio de 2014

ARIA DE JOHN CAGE O “NO SEAS CULÓN, INVÉNTATE LAS TUYAS (NOTACIONES MUSICALES)” En 4 Movimientos





I. Allegro
(Introducción)


Originalmente mi primera entrada para este blog hablaría sobre el indeterminismo en la música de John Cage y en específico en su Aria para voz, sin embargo, hay un tema que me hace mucho más ruido en estos momentos y aprovechando el nombre del blog, quisiera hacer un Ruidero al respecto, y justificando este abrupto cambio de enfoque más en el modelo del rizoma de Deleuze que en mis aparentes problemas con la autoridad (dicen que los tengo, pero yo no les doy crédito), me tomé la libertad de escribir un poco en este espacio sobre la notación musical, un tema muy delicado (para algunos) y que a muchos compositores de mi generación “les llena los bombones de mermelada”, pues se tiene la estúpida creencia de que como compositores de música de concierto, tenemos cargando sobre nuestros hombros el peso de más de medio milenio de tradición musical. Y ustedes se preguntarán ¿Qué demonios tiene qué ver el Aria de John Cage con todo esto? Pues es muy sencillo, la partitura de esta obra tiene una notación para nada convencional, que podríamos clasificar dentro de la llamada notación gráfica, una práctica que se puso muy de moda  durante la segunda década del siglo XX y que hoy en día sigue siendo muy condenada por muchos de los que forman parte de la tan afamada “academia de la música culta occidental”. Pero ¿A qué se debe esta descalificación? Y ¿Qué valor tienen realmente este tipo de obras y por qué? Bueno, pues para responder esto (o más bien, con la intención de que ustedes mismos se lo respondan) primero daré un brevísimo repaso sobre la historia de la notación musical; seguido de eso me daré a la tarea de evidenciar también brevemente las repercusiones que desde mi parcial, limitado y probablemente viciado punto de vista,  han resultado de tener a la partitura como objeto de veneración dentro de la institución de la música “culta” occidental; y finalmente abordaré de manera muy sucinta la partitura del Aria, de manera que se pueda establecer una comparación entre ésta y las primeras formas de notación musical.



II. Andante
(brevísima historia de la notación musical)


Y bueno, todo comenzó hace ya un buen rato, se dice que era el siglo IX cuando lo que podríamos denominar el primer sistema de notación musical era ya de uso común a lo largo de Europa, les hablo del sistema de notación neumática, creado ex profeso para el canto gregoriano, un repertorio de música litúrgica monofónico y exclusivamente vocal cuya función era, por decirlo de alguna manera, “adornar” la misa, aumentar la carga emotiva del rito litúrgico apoyándose en una retórica multi-sensorial con la finalidad de sustentar la institución y el rito religiosos. Sin embargo este repertorio se venía ya practicando desde hace siglos ¿y de dónde diablos surgió este sistema de notación o por qué? ¿A caso un día llegó Dios a Europa y se les presentó en forma de arbusto en llamas al séquito de sacerdotes dedicados a su culto y les dio este sistema de escritura? Suena inverosímil, no deja de ser una posibilidad, y puede que por esto se tiene hoy en día a la partitura en un pedestal, sin embargo, en lo personal dudo que haya sucedido de esta manera.
 Lo que aparentemente sucedió, es que el creciente “repertorio” de cantos gregorianos era cada vez más difícil de memorizar para los cantores, hay que tomar en cuenta que los primeros manuscritos sólo contenían el texto[1] lo cuál significa que los cantos se aprendían (como se expresa vernáculamente) “de ollita”[2], pero fueron recurriendo poco a poco a un recurso mnemotécnico que les facilitaba esta tarea, comenzaron a escribir pequeños signos arriba del texto que les indicaba cuándo la melodía subía o bajaba, sin embargo, al no denominar con exactitud las alturas del canto, este recurso era completamente inútil para quién no conocía de antemano “el repertorio”. Y fue así como surgió la escritura musical, como mero recurso mnemotécnico, producto de una necesidad, y no lo sé, pero estoy convencido de que las personas ocupadas en esto no estaban pensando en el posible valor que posteriormente podrían adquirir las herramientas de su oficio fuera de la institución religiosa, ni mucho menos el fenómeno que se originaría a raíz de este uso, sin embargo, pareciera fortuito.
En fin, la escritura siguió transformándose de acuerdo a las necesidades de los músicos de cada tiempo, así poco a poco la escritura neumática se tornó en la cuadrada, utilizada también para el canto gregoriano, pero que era utilizada con una finalidad distinta, ya no sólo como herramienta de memorización sino como recurso didáctico, por decirlo de alguna manera, para poder formar cantores en poco tiempo y que fueran capaces de entonar un canto que no conocieran previamente; posterior a esto, con el advenimiento de la polifonía se comenzó a utilizar una escritura rítmica modal que más tarde tendría que cambiarse por la escritura mensural, debido a la complejidad que los tejidos polifónicos fueron adquiriendo, y fue de esa escritura mensural de la que podemos decir que se derivó la notación que hoy en día nos enseñan a descifrar en las clases de solfeo, y que corresponde a un repertorio creado entre el siglo XVII y XIX, pero que también fue usado durante el siglo XX y que hoy en día continúa vigente, tanto en la llamada música “culta”, como en otras expresiones musicales propias del siglo XX y XXI, como el jazz por ejemplo, que a pesar de utilizar casi los mismos signos de notación, se interpretan de una manera completamente distinta. Sin embargo, con la llegada del siglo XX, llegaron también muchos cambios, sociales, políticos, ideológicos; en fin, el siglo XX fue un siglo de rupturas, de construcción y deconstrucción de sistemas; las guerras mundiales, el desarrollo de las técnicas industriales, entre otras cosas, cambiaron la vida de las personas, cambiaron su manera de observar al mundo y su manera de pensar, los paradigmas del modernismo fueron ganando terreno y todo esto repercutió sobre la manera en la que se hacía música, uno a uno, los pilares que sostenían el discurso musical del siglo XIX fueron cayendo, el sistema tonal, el ritmo y pulso regulares y las formas tradicionales dejaron de hacerse presentes, inclusive los instrumentos y la manera en la que eran ejecutados cambiaron, todo esto aunado a la inclusión de las tecnologías en la creación musical trajeron como consecuencia un cambio también en la notación musical hasta entonces empleada, nuevamente el cambio fue producto de una necesidad, pero a pesar de los cambios, la mirada progresista-lineal-evolucionista de los compositores modernos, hizo que no se des afanaran del todo del sistema de notación utilizado anteriormente, pues el desentendimiento de la escritura precedente implicaba para ellos la ruptura de esta línea evolucionista de la que provenían y a la que tenían que perpetuar, esto en conjunto con deseo de control absoluto de todos los parámetros musicales (hay que recordar que otro de los paradigmas del modernismo es el control del hombre sobre la naturaleza) dio como resultado partituras tan complejas y controladas que sólo unos cuántos “iniciados” podían comprender y ejecutar, y que paradójicamente sólo pueden ser interpretadas por aproximación. Pero no pasó más de medio siglo antes de que una nueva corriente de pensamiento se opusiera (en cierta medida) al modernismo, estoy hablando del posmodernismo, que permitió de nuevamente al ser social relacionarse con el discurso musical y estético, además de trascender el pensamiento positivista-progresista del modernismo. De ésta nueva actitud hacía la música y el sonido surgieron nuevas realidades sonoras, así como nuevas formas de notación, entre otras la conocida como escritura gráfica y las partituras textuales, debido a la creciente necesidad de los compositores de incluir elementos indeterministas (en oposición al determinismo modernista), así como la disolución de la figura del compositor como creador todo-poderoso y la del intérprete como simple reproductor de notas. Hoy en día, aún se discute dentro de la academia musical la validez de este tipo de sistemas de notación, pero pese a los detractores, podemos encontrar hoy en día mucha banda que defiende tanto esta manera de escribir música como la forma de hacerla que resulta de este tipo de expresiones musicales  vistas con desdén como “posmodernas”.
Ahora, ya que está un poco aclarado el panorama general sobre la notación musical, podemos empezar a ahondar sobre la problemática resultante de la convergencia de 2 visiones distintas de ver las partituras en el siglo XXI, es decir, por un lado la visión modernista que ensalza ambos, la partitura y la figura del compositor y los coloca sobre los instrumentistas considerados simples reproductores; y por otro, la visión posmoderna que busca la inclusión tanto del ejecutante como del ser social en el proceso creativo, apelando a una escucha activa y a una forma de trabajo que a mi parecer se asemeja mucho a las prácticas anteriores al romanticismo.

attaca


[1] Sí, señores, sólo el texto, no el texto y la melodía, no el texto y la armonía como en su canta-fácil favorito ¡no! sólo el  bendito texto.
[2] Expresión peyorativa usada en la jerga musical para referirse a la acción de aprenderse o tocar una canción de oído, es decir sólo con escucharla, caso muy frecuente en las personas que no saben leer ni escribir notación musical.

lunes, 9 de junio de 2014

Los compositores hablan: Mario Mendoza, Stultifera Navis




“A menudo, las ciudades de Europa debieron ver llegar estas naves de locos”[1]

“Stultifera Navis” es una pieza para soprano sola dedicada a Silvia Camacho quien, con una magnífica interpretación, la estrenó el 12 de mayo del año en curso en su concierto “La voz en la siglos XX y XXI” en el Conservatorio Nacional de Música.

Esta pieza toma como punto de partida la obra pictórica: “la nave de los locos” de Hieronymus Bosch, mejor conocido como “el Bosco”, donde se nos muestra un pequeño navío con pasajeros pertenecientes a diferentes rubros sociales, y que a simple vista podemos dilucidar que no son parte de aquello de lo que la sociedad humana se enorgullezca. La soprano en este caso representa esta nave, el vehículo que lleva en si todas estas facetas humanas que emergen una a una en el transcurso del tiempo, y que pareciera que el único acto que las mantiene en unidad es el simple hecho de que todas ellas son parte del mismo viaje.

Como proceso compositivo, delimité ciertas facetas humanas con diferentes características musicales para que la soprano no interpretara un solo personaje sino más bien varios personajes que articularan entre ellos el discurso musical. Por lo tanto tenemos por ejemplo, el personaje que está delimitado por el empleo del canto gregoriano con el uso de vocales, timbre nasal y ritmo holgado, en contraposición con el que está delimitado por el uso de gritos, silabas explosivas y ritmo muy marcado; por mencionar algunos. A estos personajes los remarca aún más el timbre de las percusiones corpóreas, que no solo están usadas como un elemento musical, sino también por su estrecho vínculo con un estado emocional y la teatralidad que inevitablemente esto conlleva. Para llevar el discurso de esta obra no existe un texto, por lo tanto no existen personajes que sean parte de una narrativa textual, sino más bien personajes construidos a través de sonidos peculiares, que a su vez los establecen dentro de un enmarcado perfil, que he denominado “personaje sonoro”. La pieza es cíclica, pues termina con los elementos musicales con los que comenzó, por lo tanto, al escucha se le invita a pensar que esta nave-soprano se encuentra en medio de un eterno naufragio, de un viaje que comenzó, pero que ninguno de sus pasajeros se planteó cuál sería su destino.
Mario Mendoza
Mexico, D.F.
Junio 2014




[1] Foucault, Michel, Historia de la locura.